Por qué elegí Dubái para vivir, no solo para invertir

Por qué elegí Dubái para vivir, no solo para invertir

Lectura de 11 minutos · Actualizado el 26 de septiembre de 2026

En resumen: hoy quiero contarles por qué elegí Dubái para vivir. No es una lista de folleto: son las cinco razones que he vivido en estos tres años, y las dos que nadie menciona.

Cómo llegué

Vine primero de turismo.

Tuve la oportunidad de conocer Dubái y me enamoré de lo que ofrecía: seguridad, oportunidades, una forma de vivir que no había visto en ningún otro lado.

Me devolví, ordené mi vida y volví. Llegué buscando una vida mejor y confiando en lo que ya conocía de esta ciudad. No vine trasladado por una empresa, ni con un paquete de reubicación esperándome. Vine emprendiendo, tocando puertas y buscando oportunidades, que es como llega la mayoría de los latinos que conozco aquí.

Tres años después sigo aquí, viviendo de lo que construí. Estas son las cinco razones por las que no me fui.

Razón 1: la seguridad, y Dubái está entre las tres ciudades más seguras del mundo

Esta es la primera y es la más grande.

Le pongo un ejemplo en vez de un adjetivo: aquí uno termina de mostrar una propiedad a las once de la noche, camina hasta el carro mirando el celular, y no pasa nada. Nadie se cambia de acera. Nadie guarda el reloj antes de bajarse. Los niños de mis vecinos juegan afuera sin que nadie los vigile desde la ventana.

Si usted creció en Colombia sabe exactamente de qué hablo, porque conoce lo contrario. Uno aprende desde chiquito a caminar con una parte de la cabeza ocupada calculando riesgo: por dónde voy, a qué hora, con qué encima, quién viene detrás. Eso no se siente como esfuerzo mientras se vive. Se siente normal. Uno solo entiende cuánto pesaba el día que lo suelta.

Yo lo solté aquí, y me tomó meses darme cuenta de que lo había soltado.

El dato, para que no quede solo en mi impresión: en el índice de seguridad de Numbeo de 2025, Dubái quedó tercera entre las ciudades más seguras del mundo, con 83,8 sobre 100. Abu Dabi quedó primera con 88,4 y lleva casi diez años en ese puesto. Sharjah también está en el top cinco. No es Dubái sola: es el país entero.

En Dubái, y en general en Emiratos Árabes, la seguridad no es un lujo ni un servicio por el que uno paga. Es la base de todo.

Razón 2: aquí no se siente uno un invasor

Esta es la más difícil de explicar y la que más me cuesta decir sin que suene a queja.

Voy a ser cuidadoso: no estoy diciendo que en Estados Unidos o en España traten mal al latino. Tengo amigos y clientes que viven muy bien en los dos lados. Hablo de una sensación, que es otra cosa.

En muchos lugares uno llega y, aunque tenga los papeles en regla, su trabajo y pague lo que tiene que pagar, siente que está pidiendo permiso para estar ahí. Que existe una conversación pública en la que uno es el tema, y casi nunca es el tema bueno. Uno lo nota en detalles: en cómo lo miran cuando habla con acento, en cómo cambia la cara de alguien cuando dice de dónde viene.

En Dubái eso no me ha pasado. Ni una vez.

Y creo que tiene una explicación estructural, no de buena voluntad: aquí prácticamente todos venimos de otra parte. El emiratí es minoría en su propio país y lo asumió como modelo, no como problema. Cuando la ciudad entera está hecha de gente que llegó, llegar no lo convierte a usted en nada raro. En el edificio donde trabajo hay indios, filipinos, rusos, egipcios, británicos y un colombiano. Nadie es el extranjero, porque todos lo somos.

La primera vez que dije “soy de Colombia” y la respuesta fue una pregunta sobre el café, y no un chiste sobre otra cosa, entendí que esto era distinto.

Razón 3: el respeto por lo que usted cree

Yo soy católico. Voy a misa, en español, y la iglesia está llena de hispanohablantes de todas partes.

Le cuento esto porque antes de venir era una de mis dudas más grandes, y porque sé que es la duda de mucha gente que me escribe. La idea que uno trae es que al llegar a un país musulmán va a tener que esconder lo que cree. O peor: que le van a intentar imponer algo.

No me ha pasado nada de eso. En tres años nadie ha intentado convencerme de nada. Nunca. Y no es que me toleren en silencio: es que hay iglesias de todas las religiones funcionando, con misa en varios idiomas, a la vista de todo el mundo.

Este dato me parece el más elocuente de todos: el terreno donde está la iglesia católica principal de Dubái, Santa María, lo donó el propio gobernante de Dubái, el jeque Rashid bin Saeed Al Maktoum, a mediados de los años sesenta. La iglesia se consagró en 1967. Hoy esa parroquia atiende a más de medio millón de fieles y celebra misa en más de doce idiomas.

O sea: no es que la ciudad haya aprendido a convivir con nosotros de mala gana hace poco. El gobernante regaló el terreno hace sesenta años, cuando aquí todavía no había casi nada.

Razón 4: una ciudad con reglas claras

Aquí hay reglas, están escritas y se cumplen. Las dos partes importan.

Le doy los ejemplos que uno vive en una semana normal:

Lo que no se hace Multa
Comer o beber en el metro 100 dirhams
Fumar donde no está permitido 200 dirhams
Dormirse en las instalaciones del metro 300 dirhams
Tirar basura en la vía pública 500 dirhams
Tirar basura por la ventana del carro 1.000 dirhams y seis puntos en la licencia

A eso súmele las que uno ya ni piensa porque se volvieron costumbre: no se cruza la calle por donde no es, se hace fila, no se pita sin motivo, no se pone música a todo volumen, no se ocupan dos asientos en el transporte.

Lo primero que piensa un colombiano al leer esto es “qué ciudad tan estricta”. Y sí. Pero déjeme decirle lo que uno siente después de tres años: es un alivio.

Porque el efecto real de que las reglas se cumplan no es el miedo a la multa. Es que uno deja de tener que defenderse del vivo. Aquí no funciona el que se cuela, ni el que se estaciona donde quiere porque solo va un momentico, ni el que se cree superior por saltarse la norma. Esa figura, la del que se siente inteligente por incumplir, aquí no tiene espacio.

Y cuando esa figura desaparece, la ciudad completa cambia. Uno confía. Y la confianza es el ahorro de energía más grande que existe.

Razón 5: oportunidades, porque aquí pasa el comercio del mundo

Esta razón es la que más me tocó a mí, porque yo llegué sin nada montado.

La ventaja de Dubái es geográfica antes que económica: está a unas horas de vuelo de Europa, Asia y África, y eso la convirtió en el punto donde la gente se encuentra. Aquí el desayuno con alguien de Londres, el almuerzo con alguien de Bombay y la llamada de la tarde con alguien de São Paulo caben en el mismo día.

Para que no quede en abstracto: solo en el DIFC, el distrito financiero de la ciudad, hay 8.844 empresas activas, 1.052 firmas financieras reguladas y 50.200 profesionales trabajando ahí dentro.

Y en cuanto a nombres que usted reconoce: Telegram tiene su sede mundial aquí, y Google, Microsoft, Meta, Visa, Nestlé y PayPal manejan desde Dubái toda su operación para esta región del mundo.

Traduzca eso a lo que importa: si usted busca socios, clientes o un negocio que cruce fronteras, la densidad de gente con capacidad de decisión por metro cuadrado aquí no la encuentra en muchos lugares.

Y hay algo que no se dice y que a mí me sorprendió: aquí es fácil llegar a la gente. Se responde el teléfono. Se toma el café. Yo llegué sin empresa y sin contactos, y en tres años construí una operación con clientes en varios países. Lo digo porque en Colombia lograr este tipo de conexiones no se da tan fácil como aquí.

Dos cosas más que nadie menciona

Lo que gana es suyo

En Emiratos no hay impuesto sobre la renta de las personas. Lo que usted produce, se lo queda.

La cabeza en paz

Esta no la esperaba, y hoy la valoro muchísimo.

Desde que vivo aquí dejé de empezar el día con noticias de violencia. No es que no me informe: es que la conversación pública de esta ciudad no está construida sobre el titular del muerto, el atraco y la explosión.

Uno cree que esos titulares no le hacen nada porque son “solo noticias”. No es verdad. Consumir eso todos los días le sube el nivel base de alerta y le cambia la manera de mirar a la gente en la calle. Yo solo lo entendí cuando dejé de recibirlo.

Y le agrego una que tampoco se menciona nunca: aquí no hay campaña electoral cada cuatro años. No me meto en si un sistema es mejor que otro, eso no me corresponde. Le cuento el efecto práctico: no existe la temporada en que el país entero se divide en dos, las familias pelean y todo el mundo pasa seis meses discutiendo con desconocidos en internet. Esa paz mental también es calidad de vida.

Lo que no le voy a decir

No le voy a decir que Dubái es perfecta, porque no lo es y usted no me creería.

Hace un calor brutal de junio a septiembre y hay meses en que uno vive de un aire acondicionado a otro. Está lejos de la familia, y las horas de diferencia con Colombia se sienten en los cumpleaños y en las urgencias.

Y hay algo que le va a doler los primeros meses: es una ciudad de gente que llega y se va. Uno hace amigos y a los dos años se le mudan.

¿Eso cambia mi respuesta? No. Cambia la pregunta. La pregunta no es si Dubái es perfecta, es si lo que usted gana aquí pesa más que lo que deja. Para mí, después de tres años, pesa más. Con claridad.

Preguntas frecuentes

¿Se puede vivir en Dubái siendo católico?

Sí, y sin esconderlo. Hay iglesias católicas funcionando, con misa en varios idiomas incluido el español. El terreno de la parroquia principal de Dubái lo donó el gobernante de la ciudad en los años sesenta.

¿Se puede llegar a Dubái sin un empleo esperándolo?

Sí. Yo lo hice. No es el camino cómodo y no se lo voy a pintar fácil, pero es posible: existen visas de residencia por empresa propia y por inversión, además de la laboral. Lo que sí necesita es capital de arranque para sostenerse mientras construye.

¿Es verdad que Dubái es carísima?

Es cara si uno vive como aparece en las redes. En la vida normal hay de todo, en todos los rangos, igual que en cualquier ciudad grande. Lo que sí es cierto es que el arriendo manda el presupuesto, y que se paga distinto a Colombia: en pocas cuotas grandes al año, no mes a mes.

¿Tengo que hablar árabe?

No. El idioma de trabajo de la ciudad es el inglés. Con inglés funcional usted vive, trabaja y hace negocios sin problema.

¿Una mujer sola puede vivir tranquila en Dubái?

Es una de las preguntas que más me hacen y la respuesta es sí. Dubái es de las ciudades mejor calificadas del mundo en seguridad, y eso se nota especialmente para las mujeres que se mueven solas de noche.

¿Necesito comprar propiedad para vivir aquí?

No. La residencia se puede obtener por empleo, por empresa propia o por inversión. Comprar es un camino, no el único.

¿Cuánto tiempo toma acostumbrarse?

En mi caso, unos seis meses para funcionar y cerca de un año para sentir que era mi casa. La parte lenta no es el trámite: es reconstruir el círculo social.

Si está pensando en dar el paso

Yo pasé por esto hace tres años, con las mismas dudas que probablemente tiene usted ahora, y sin nadie que me explicara cómo funcionaba. Si está evaluando Dubái como lugar para vivir (o como lugar donde poner una parte de su patrimonio), escríbame y hablamos de su caso puntual, sin discurso de venta.

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Gilber Garzón, asesor inmobiliario certificado RERA en Dubái

Gilber Garzón
Asesor inmobiliario en Dubái certificado por RERA (Dubai Land Department)
Tarjeta de asesor n.º 100302 · Intrust Real Estate L.L.C., Dubái
3 años como asesor inmobiliario, radicado en Dubái. Acceso a todas las constructoras activas del mercado.